Durante
la guerra, hubo tres grupos principales de investigación, cada uno de
ellos completamente independiente de los otros. En primer lugar,
estaban los establecimientos de la Wehrrmacht divididos en las ramas
de los tres ejércitos: La oficina de armamento del ejército de
tierra, la oficina de armamento de la Marina y la oficina técnica del
ministerio del aire que eran responsables de desarrollar, probar y
procurar armas y de transmitir a la industria las necesidades de las
fuerzas armadas con sus especificaciones técnicas. Las rivalidades
entre los ejércitos impidieron el adecuado intercambió o de
información, así como un obsesivo secretismo.
En segundo
lugar, había un sector privado de investigación industrial muy
importante, dirigido por compañías como la Heinkel, la Messerchmitt,
la Krupp, la LG Faben, la Zeiss y la Siemens. Estas firmas realizaron
trabajos por su cuenta para presentar ante la Wehrrmacht armas
ensayadas y probadas. La Marina, dejó la investigación en manos de
la empresa privada.
En tercer
lugar estaban los centros de investigación de la universidad y
alrededor de treinta institutos del Kaiser Wilhelm Gesellchaft ligados
todos ellos al consejo de investigación del Reich, un organismo de
pomposo título, pero con poca capacidad de dirección. Para terminar,
debe hacerse alguna mención de pequeños organismos de
investigación, tales como los que dependían del ministerio de
correos (que hicieron valiosos trabajos en otras áreas, como en el
campo nuclear, y también alcanzaron éxito en el desciframiento de
conversaciones telefónicas supuestamente secretas, incluyendo las de
Winston S. Churchill y Flanklin D. Roosevelt, en 1942).
Los
alemanes no aprendieron de su desafortunada experiencia en la primera
guerra mundial, que la centralización y dirección de la
investigación era vital. Como no había un organismo central, no hubo
un solo consejero científico que Hitler; el doctor Bernard Rust,
ministro de la ciencia, educación y asuntos públicos, ni siquiera
llegó a intentar desempeñar este papel. Rust era un jefe débil, de
poca agilidad mental, cuya actitud hacia los científicos se desveló
pronto, cuando declaró que "los científicos son unos
charlatanes, que carece de ideas originales".
Esta
desdichada ineficacia en la organización de la investigación no fue
privativa de Alemania: los aliados la sufrieron en alto grado.
Esta
situación lamentablemente se agravó aún más por ciertos factores
especiales a los que estaba sometida la ciencia únicamente en el
tercer Reich. El más importante de todos ellos era la política hecha
por los nacionalsocialistas contra los judíos y otros elementos
antisociales. A pesar del número de judíos expulsados o encarcelados
durante los años treinta, la proporción de científicos alemanes fue
relativamente pequeña, a lo sumo un 12%, pero las repercusiones
fueron particularmente graves. En una ocasión Rust se dirigió a un
destacado matemático preguntándole: "¿Es verdad, profesor, que
su instituto se ha resentido mucho por la partida de los judíos y de
sus amigos?", a lo que le contestó: "¿Resentido?. No, no
se ha resentido, es que ya no existe". No sólo se rechazó a los
judíos, sino también su trabajo. Ciertos métodos de física se
consideraban como física judía y como judíos blancos a los alemanes
que los defendían; así que Alemania trabajó con desventaja en la
búsqueda de la bomba atómica además de todo esto, había un
pequeño pero creciente e influyente número de científicos alemanes
que, dándose cuenta de la barbaridad moral e intelectual del Reich
Hitler, trataron de mantener sus posiciones al mismo tiempo sin
comprometer su trabajo con lo que pudiera representar una ayuda
importante para el esfuerzo bélico.
Pero, a
pesar de estos inconvenientes, los científicos y técnicos del tercer
Reich fueron capaces de realizar una serie de proyectos de
investigación que no tuvieron parangón entre los aliados. Su pericia
e imaginación fueron en extremo impresionantes. Por ejemplo, algo que
interesó particularmente a los hombres de ciencia alemanes fue la
utilización del aire como arma. Se desarrolló un cañón de aire,
que lanzaba un chorro de aire a gran presión desde un arma colocada a
unos 30 pies de altura, con un cañón inclinado de 50 pies de largo.
Durante las pruebas, se vio que el cañón podía destrozar un tablón
de 1 pulgada de grosor, con un alcance de 200 yd.. También desarrollo
una especie de cañón huracán que pretendía producir torbellinos
artificiales en el aire capaces de destruir un avión enemigo
haciéndole perder el control. Se consiguió al fin el éxito de este
prototipo pero el arma no llegó a usarse operativamente. El aire a
presión se uso también en un cañón de sonido, que proyectaba un
rayo de energía de sonido tan intenso que se pensaba que podría
matar a un hombre durante 1 minuto a una distancia de 60 yd. de
incapacitarlo seriamente a 300 yd.. Se hicieron pruebas pero no se
desarrollo el proyecto.
La presión
también era la idea primordial en el desarrollo de la Hochdruckpumpe,
el cañón bomba de alta presión que se pretendía que bombardeara
objetivos tan lejanos como Londres, Amberes y Luxemburgo. Tenía por
lo menos 150 pies de largo y disparaba un proyectil que medía 8 pies.
El misil era lanzado a una velocidad de 4.800 pies por segundo,
suficiente para enviarlo a 85 millas.
Otros
avances fueron las cargas huecas de explosivo, granadas de racimo y el
uso de cemento como alojamiento de proyectiles.
Contrariamente
a lo que generalmente se cree, al principio de la guerra los alemanes
estaban tan avanzados en la tecnología del radar como los
británicos. El 1938 habían inventado el equipo de radar Freya, un
equipo móvil que operaba en la frecuencia decimétrica y que podía
determinar la distancia per no la altura. Mucho mejor era el radar
Wuerzburg que he se empezó a producir al principio de la guerra y
podía lograr excelentes resultados, marcando la situación, curso y
altitud de un avión con mucha precisión hasta una distancia de
veinticinco millas . El Freya con un alcance de hasta 90 millas,
sirvió como primer radar de alerta temprana, mientras que Wuerzburg
tenía la precisión necesaria para los cañones antiaéreos y los
interceptores. Sobre el campo aliado, los alemanes tuvieron éxito con
el aparato X, un invento de radiobaliza que llevaba de noche a los
bombarderos directamente sobre sus objetivos y que señalaba el
momento de arrojara las bombas.
El
Lichtenstein era un radar aerotransportado para usarse con un caza
nocturno que y se utilizó operativamente por primera vez el 9 de
agosto de 1941.
Antes de
arroz la allegada al poder de Hitler, Alemania tenía la gran ventaja
de poseer la cuna de en la ciencia nuclear dentro de sus fronteras en
la universidad de Goettingen. Los nacionalsocialistas tardaron sólo
unas semanas, en la primavera del 1933, en destruir esta antigua
fundación como centro de investigación. La universidad nunca se
recuperó de la expulsión o ante la forzada dimisión de numerosos
profesores y escolares judíos. Ni tampoco lo hizo la física nuclear
alemana.
Mientras
que los alemanes iban por delante en muchos aspectos antes de 1942, el
fracaso completo de sus científicos en conseguir el reconocimiento y
el apoyo del gobierno significó que se logró muy poco más.
De todos
los productos terminados por la investigación en el tercer Reich, son
los cohetes los que más llamaron la atención. En el campo de la
cohetería, Alemania durante la guerra fue soberbia. Al principio de
los años treinta, la investigación de cohetes la emprendieron
pioneros como Oberth y Winkler, e interesó al ejército hasta el
punto de destinar al capitán (más tarde general de brigada) Dr.
Walter Dornberger para encargarse del desarrollo de armamento secreto.
Estuvo asistido por el Dr. Werner von Braun. En 1933, se desarrolló
el A-1 (el predecesor del V. 2, seguido por el A-2 en 1934, que voló
a una altura de 6.500 pies y en 1937, el A-3).
Sin
embargo, a Doernberger sólo le dieron unos recursos limitados para
este costoso trabajo altamente experimental. En 1939, su equipo se
componía únicamente de 300 hombres y el alto mando aprobó de mala
gana el suministro de unas escasas materias primas para el proyecto
que podía ocurrir que no fuera operativo hasta que la guerra hubiera
terminado. La situación no cambió hasta el 3 de octubre de 1942,
después del lanzamiento con éxito del A-4, ya algo tarde. La actitud
de los líderes alemanes cambió considerablemente con un cohete que
alcanzaban casi 120 millas y una altura de unas 50 millas. Ahora con
un arma disuasoria Hitler dio al proyecto el respaldo que debería
haberle dado desde un principio.
Se
invirtieron dinero y equipos en el programa y el centro de cohetes de
Peenemunde se amplió llegando a albergar a unos 2000 hombres de
ciencia. También se instituyó un comité para coordinar el
desarrollo del cohete (de hecho llegó a ser una especie de
obstáculo, porque estaba presidido por un experto no en cohetes sino
en locomotoras).
El V. 2 que
ya estaba listo para ser disparados operativamente hacia la mitad de
1944, representó una considerable mejora sobre el primer A-4. Podía
alcanzar unas 200 millas transportando una carga de 1.650 libras de
alto explosivo. Tenía 46 pies de altura y un peso de unas 12,5
toneladas en el lanzamiento (9 toneladas eran de combustible). El
tiempo de fabricación se redujo de 19.000 hombres/hora de 1943 hasta
4000 en 1945 (cada V. 2 de llevaba unas 30.000 piezas).
