|
|
La Guerra Relámpago |
|
|
El
día era claro y soleado. El servicio metereológico dio el visto
bueno. Media guerra dependió de sus informes un cielo estaba
despejado de nubes, el mejor pronóstico para que los aviones del
mariscal Goering pudieran atacar Polonia. En cuanto al paisaje de
tierra, no eran necesarios ni espías ni informes de última hora.
Hitler se inventó un casusbelli, un incidente en la frontera común,
para escribir en gruesos trazos de lapiz en la Orden número 1:
"La hora del ataque: 4,45 horas".
Las
bombas de los Stukas despertaron a los polacos. Pero envalentonados
por el triunfalismo de sus jefes y oficiales, piensan que los nazis
saldrán de la orgullosa Polonia con el rabo entre las piernas. Sin
embargo, Hitler tendrá la razón: "con mis Stukas y mi ejército
mecanizado conquistaré Polonia en tres semanas". La geografía,
la vecindad traicionaban a Polonia: su gran llanura dejaba paso franco
a los carros de combate alemanes. De esta combinación, el ataque de
los aviones y la progresión de los tanques en un estrecho frente,
nació una nueva forma de hacer la guerra. Nada tenía que ver con las
campañas de desgaste y de inmovilización en las trincheras de
Verdún durante la I Guerra Mundial. Está guerra, llamada relámpago
a imitación de los teóricos ingleses, se basaba en la celeridad, en
la sorpresa, en la precisión y en la contundencia de las fuerzas
empleados en la invasión, sobre el terreno. No deja reaccionar al
enemigo. La decisión británica y francesa de considerar la invasión
alemana de Polonia como una justificación para su entrada en la
guerra, resultó desastroso desde el punto de vista militar, a pesar
de ser moralmente a acertada. Los
polacos no estaban preparados, como tampoco lo estarían luego los
franceses, para hacer frente al aluvión de acero. Los soldados de
infantería, muy al contrario que en la primera guerra mundial,
serían los últimosen llegar. Primero se destruía en tierra la
aviación enemiga, se desarticulaban sus líneas de comunicación y se
enviaban por delante, en camiones, infantería motorizada, tanques y
artillería ligera. Pero la pieza esencial era el carro de combate que
que lo arrollaba todo a su paso un "El que se queda en las
trincheras afirmó Napoleón llevará las de perder". El general
británico Kitchener llamó carro blindado bonito juguete mecánico.
Era algo más que eso. El Reino Unido que inició su fabricación en
secreto, que logró conservar difundiendo un falso rumor de que las
planchas de acero utilizadas en su fabricación estaban destinadas a
los depósitos de agua para el ejército de Allenby en Palestina, en
1916, de ahí el nombre de tanque, según escribe Thomas en su
Historia del Mundo. La
mentalidad de los países atacados no estaba preparada para la
blitzkrieg, guerra relámpago. El tanque del General Guderian, de
verano de 1939, no hacía ya el trabajo del carro británico de 1916,
un mero refugió para los soldados de infantería que avanzan. Se
había convertido en un obús rodante, en un imparable instrumento
ofensivo. " Con el amor de los suyos, pero condenados por la
pólvora -escribió el poeta Housman - pasan los soldados desfilando
hacia la muerte". Dos días después de la invasión de Polonia,
el Reino Unido declaró la guerra a la Alemania de Hitler. Así
empezó una carnicería, que terminó al cabo de seis años con 60
millones de muertos, dos tercios de ellos civiles. Las primeras bajas
fueron polacos. A pesar de las falsas esperanzas de sus jefes
militares, Polonia llevaba todas las de perder. El ejército alemán,
mandado por von Brauchitsch y con Franz Halder como jefe de Estado
Mayor, estaba formado por más de un millón de hombres. Su potencia
de fuego era superior en una proporción de dos a uno y puso en pie de
guerra veinte veces más tanques que el ejército polaco. ¿Qué
podían hacer con sus cargas de caballería, con menos aviones y menos
carros que el enemigo?. El
carro de combate fue la revelación, junto con los ataques en picado
de los Stukas, que en este comienzo de la II Guerra Mundial. Polonia
se había hecho una idea romántica de la situación: sus militares,
tan anticuados, creyeron que con caballerías y llamamientos
patrióticos podían hacer frente a aquél río de acero. Las
máquinas destrozaron los caballos y a los caballeros. El patriotismo
no sirvió de nada: la movilización polaca llegó un día antes del
ataque y se hizo de forma desordenada. Para cuando los polacos se
dieron cuenta de lo que pasaba, la Luftwaffe, la fuerza aérea de
Hitler, con sus terroríficos bombardeos sobre aeródromos y bases,
columnas de soldados y nudos de comunicación, había sentenciado el
curso de los acontecimientos. Era la Y = 19445, o sea, el 1 de
septiembre a las 4:45 de la mañana, la operación Plan Blanco. Manuel Leguineche. Norte de Castilla de 4 de septiembre de 1999 |
||
|
|