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El Principio |
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| La Gran Guerra. Historia 16 | ||
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Si
alguien hubiera anunciado a los jóvenes europeos que festejaban el
año nuevo de 1914 que ocho meses después se encontrarían
combatiendo en un frente de batalla, casi ninguno se habría
extrañado. La guerra era un fenómeno esperado desde hacía tiempo.
Pero si hubiera añadido que las próximas Navidades, y las tres
siguientes, las pasarían chapoteando entre el barro y la nieve de las
trincheras, pereciendo a miles cada día bajo el impacto de artilugios
infernales, nadie le hubiera creído.
La
primera guerra mundial superó con creces cuántas visiones negativas
de la guerra se habían presentado hasta entonces. Sería preciso, tal
vez, retroceder hasta el siglo XVII, a la guerra de los treinta años,
para encontrar junta tal cantidad de calamidades asociadas a un
conflicto: epidemias, destrucción total de ciudades, hambres,
asesinatos en masa. Pero todas ellas, multiplicadas en sus efectos y
en el plazo relativamente breve de cuatro años y medio. La
primera guerra mundial no se desencadenó de un modo espontáneo. Sus
orígenes hunden las raíces en un siglo de feroz competencia
imperialista entre las potencias europeas, en varios decenios de
polarización progresiva de la vida internacional en dos grandes
bloques militares, en las rivalidades económicas entre las naciones
occidentales. También,
en el culto a unos valores morales y patrióticos que portaban el
germen del militarismo y de la xenofobia, en el despertar a la
conciencia nacional de los pueblos secularmente sometidos a la
centralización de Estados multinacionales, en el convencimiento, en
fin, de que el recurso a la guerra era la vía más rápida, y a la
vez, más eficaz para la solución definitiva de los problemas
mundiales. El
conflicto marcó a toda una generación, los acontecimientos
fundamentales del período de entreguerras: la agitación social de
los años veinte, la crisis económica y el auge de los totalitarismos
en los treinta, los agravios y conflictos que están en la génesis de
la II Guerra mundial tienen como telón de fondo la inquietud y la
insatisfacción de una generación sacrificada en los campos de
batalla, que nunca creyó ver recompensado su generoso esfuerzo. La
primera guerra mundial-La gran guerra, como la llamaron sus
contemporáneos-no fue un simple conflicto armado de los que se salda
con un reajuste de fronteras y que el vado de reparaciones por los
vencidos su desarrollo y consecuencias marcaron el final de toda una
época y el comienzo de otra bien distinta. La
guerra no estalló de un modo espontáneo, aunque el hecho que la
desencadenó, el atentado de Sarajevo, fuera un acontecimiento
inesperado. Los motivos que impulsaron a los gobiernos europeos a
lanzarse unos contra otros en 1914 hundían sus raíces en problemas
surgidos muchas veces más de medio siglo antes. las causas del
conflicto eran principalmente de tres órdenes . Unas,
las más visibles, afectaban al equilibrio militar y diplomático
entre las potencias, a la política interna de los Estados y a la
creciente tensión bélica acumulada en determinadas zonas del
planeta. La
rivalidad continental entre Francia y Alemania, las ansias
expansionistas de esta última y su competencia naval con Gran
Bretaña, la tirantez de relaciones entre Austria-Hungría y Rusia por
causa de los Balcanes, etc, mantenían en permanente falsedad a las
poblaciones de estos países dieron motivos que justificaban a ojos de
la opinión pública el continuo incremento de los gastos militares y,
en último extremo, la guerra. Otras
eran causas de tipo económico. Casi todas tenían su origen en la
agudización de las tensiones provocadas por el crecimiento de las
potencias imperialistas en las últimas décadas del siglo XIX y las
primeras del siglo XX. Los Estados colonialistas habían tendido a
establecer un circuito económico cerrado con sus colonias. De ellas
sacaban las materias primas baratas para el consumo y la industria y
en ellas vertían buena parte de sus excedentes de capital, mano de
obra y productos manufacturados. El
resultado de esta política fue una feroz competencia colonial primero
y una guerra de aranceles después. los mercados nacionales se
cerraron cada vez más al exterior, autoabastecidos gracias a la
política proteccionista impuesta por sus gobiernos. En los
cada vez más escasos mercados libres, la lucha entre las grandes
empresas exportadoras arrastró a países enteros. La vitalidad y la
competitividad de la industria alemana despertaba cada vez mayor
irritación en los medios industriales y financieros de Londres y
París. La expansión económica de Estados Unidos y del Japón
contribuía a cerrar mercados a los europeos. Y el fantasma de un
ruinoso estrangulamiento del comercio mundial llevó a muchos a
considerar las ventajas de una guerra que acabara con las economías
rivales. Finalmente
estaban las causas de orden sicológico e histórico. Muchas estaban
integradas en aspectos de la vida cotidiana, se enseñaba en las
escuelas, en los cuarteles, en las iglesias, y eran consideradas
comúnmente virtudes saludables y dignas de estímulo. Pero la gran
mayoría de ellas incluía peligrosos componentes, que llevados hasta
ciertos límites, harían peligrar la existencia de aquella opulenta
sociedad industrial y burguesa. Tres
de las causas de origen psicológico son en primer lugar el
nacionalismo. Consustancial al ascenso de la burguesía europea
durante el siglo XIX, había terminado por convertirse en una forma de
chovinismo excluyente y xenófobo. Cada país descubría en el estudio
de su historia motivos de resentimientos y reivindicaciones frente a
sus vecinos. Las minorías nacionales de Europa central y
oriental-polacos, croatas, checos o rutenos-habían tomado lentamente
conciencia de su propio ser nacional y sus ansias de autonomía
producían cada vez mayores tensiones en el seno de los viejos estados
multinacionales que las cobijaban. Y a la vez surgían corrientes de
pensamiento que pretendían asaltar las barreras fronterizas en busca
de la Unión de todos los europeos de origen germánico-el
pangermanismo-o eslavo-paneslaavismo-. Unos y otros parecían
dispuestos a valerse de la guerra para el logro de sus objetivos. También
cobraba creciente importancia en militarismo, doctrina que se asociaba
a las formas más extremas del nacionalismo para incrementar la
carrera de armamentos , favorecer la intromisión de los militares en
la vida civil y apoyar la política de agresividad hacia los
potenciales adversarios. Y por último, la propia psicosis de guerra
suponía un fuerte estímulo para la activación del conflicto
latente. Realmente, casi nadie quería que estallase, pero quienes
podían no hacían nada por impedirlo . todos consideraban la guerra
como un hecho inevitable. Entre
1911 y 1914 la situación mundial empeoró a pasos agigantados.
Servía una auténtica de guerra fría. El atentado de Sarajevo fue el
último espasmo de una lenta agonía. El
desencadenamiento de la primera guerra mundial tuvo el efecto de una
extraña carambola. Un enfrentamiento entre el 2 de estado que en
otras circunstancias hubiera sido rápidamente aislado o detenido
mediante negociaciones, dio origen a una accedí de declaraciones
bilaterales de de que acabaron con formando las gigantescas
dimensiones de la conflagración. De
este que en 1890 dejara Bismarck la cancillería alemana, los países
occidentales habían tendido hacia una bipolarización diplomática y
militar que escindió en dos bloques a las potencias europeas. Por un
lado, la triple alianza agrupaba a Alemania, Austria, Hungría que
instalen con la adhesión de Rumanía al año siguiente. Frente
a este bloque centro europeo, en su periferia se habían ido tejiendo
tres alianzas complementarias, ya que jugaban en forma de frenar.
Primero a alianza franco-2 de 1892; luego, la Entente Cordiale
anglo-francesa de 1904. Cuatro años después, un acuerdo anglo-Cruz
completaba el y, formando así la triple entente. A ella se añadía
el a anglo-japonés de 1902, que aseguraba a ambas potencias navales
frente a la política expansionista de Alemania en el pacífico. Entre
la formación de la entente cordial y el comienzo de la guerra mundial
transcurrido una de cada vivienda de graves crisis, que sólo el mutuo
quemó entre ambos bloques y visto que se convirtiera en el esperado
estallido bélico. Si
embargo el problema más espinoso de la época era el de los Balcanes
que a la larga al cómo haría como factor desencadenante de la
guerra. El enfrentamiento de el pequeño reino de Serbia que se
consideraba destinado a unificar a los eslavos meridionales que una
gran Serbia y contra de Austria al dios Nuria o puestos a esta
política que afectaba a su propia existencia, coincidía con la
crisis general del imperio otomano y el aumento de la presión rusa
sobre la zona. A
partir de 1908 tras la crisis de Bosnia se fueron clarificando las
posiciones de los países comprometidos en la cuestión balcánica.
Austria y Alemania iniciaron un acercamiento hacia Turquía. A la vez
los alemanes tenían que ejercer toda su influencia para pedir que los
austriacos-sus aliados-cruzasen el Danubio e invadiesen ahora Serbia. Por su
parte el perito cruzo multiplicaba sus gestos amistosos hacia los
eslavos del su, invitándoles a expulsar a los turcos de Europa y
dándoles seguridades frente a los apetitos territoriales de la corte
de Viena. El resultado de todo el lío fue el acercamiento entre
Bulgaria y Sevilla y la formación de de la liga balcánica de 1912,
que de arropó a los turcos en la primera guerra balcánica. Las
disensiones surgidas entre los vencedores tras el tratado de Londres
supusieron un peldaño más en la escalada hacia la guerra
continental. Bulgaria respaldada por Austria, se opuso a las
exigencias de Serbia quien a su vez contaba con el apoyo ruso. El
choque diplomático degeneró en conflicto armado, la II Guerra
balcánica, que unió a todos los estados de la zona contra los
búlgaros. La Paz de Bucarest (agosto de 1913) redujo de forma
humillante los límites de Bulgaria, pero no satisfizo a los serbios
que no lograron la pretendida salida al mar. Su resentimiento se
volvió contra Austria. Y las sociedades secretas eslavas protegidas
por Rusia y Bulgaria redoblaron sus actividades terroristas en favor
de la independencia. A
comienzos de 1914 una intrincada red de alianza se extendía sobre
Europa, a la vez que un muro de recelos y de olvidos separado en dos
bandos irreconciliables a buena parte de las naciones del continente. Alemania
se veía forzada a apoyar a Austria al tiempo elevaba el tono de su
enfrentamiento militar, diplomático y económico con los países de
la entente. Austria-Hungría
peligrosamente afectada en su unidad por la actitud nacionalista de
sus minorías tenía sobrados motivos para recelar de la
preponderancia de Serbia en los Balcanes a si como de el imperio
zarista que aparecía como el aglutinador de los pueblos eslavos desde
el Báltico al Egeo. Italia
se le mantenía aparentemente fiel a la triple alianza, pero desde
19022 había iniciado un lento vida que hacia la entente. al iniciarse
el conflicto el gobierno italiano se había declarado neutral . no
obstante sus diplomáticos habían comenzado a tantear el terreno que
en ambos bandos con vistas a una intervención en las mejores
condiciones posibles. Las negociaciones se con los imperios centrales
no dieron el fruto esperado. Pese a las presiones alemanas los
austriacos se le negaban a entregar el trentino y sólo ofrecían
dejar manos libres a los italianos en Albania. Además y en calidad de
reivindicaba grandes zonas de la Anatolia turca, lo que contribuía a
cerrar cualquier posible vía de negociación. En cambio los aliados
estaban en condiciones de hacer todas las promesas necesarias a costa
del territorio de sus enemigos. El 26 de abril de 1915 se firmó en
Londres un pacto secreto por el que a cambio de la cesión de varias
provincias austriacas y de compensaciones en Asia menor y el África
los italianos se comprometían a entrar en guerra en el plazo de un
mes. En mayo en los gobiernos italiano denunció el pacto debe la
triple alianza y declaró la guerra a sus antiguos aliados. Por lo
que respecta a las tres potencias de la entente: Gran Bretaña,
Francia y Rusia, su alianza era demasiado estrecha para impedir la
generalización de un conflicto que afectase a uno de integrantes. Finalmente,
los estados balcánicos estaba prontos a lanzarse a una nueva de
Larra. Los turcos reforzaban su aproximación a la que le alianza al
tiempo que ha aumentado en sus en no la hostilidad hacia el
intervencionismo de británico y rusos en Persia, Egipto, Arabia y
otras regiones próximas a sus fronteras. Los
búlgaros buscaban un desquite que les permitiera resarcirse de sus
minerales perdidas del año anterior. Los austriacos parecían
decididos a reforzar los lazos con a que el pequeño país tan
estratégicamente a espaldas de Serbia. Serbia y Rumanía mantenían
antiguos contenciosos con Austria. Para Serbia la Unión de todos los
eslavos balcánicos entorno a Belgrado pasaba por la desintegración
de su rival del Norte o al menos por la secesión de sus provincias de
Croacia, Bosnia -Herzegovina y Dalmacia. Rumanía consideraba parte
integrante de su territorio la provincia húngara de Transilvania y la
Bucovina. A si
era la explosiva situación de Europa cuando el 28 de junio de de 1914
el heredero de la corona Austria-nombrara, Francisco Fernández,
inició una visita a la ciudad Bosnia de sala que el. El Garci duda
que Austria, que era considerado un decidido partidario de la
descentralización del imperio y de la concesión de ciertas
libertades a sus subordinados eslavos. A pesar de ello o quizás
cuello era un blanco tentador para el terrorismo es la que fomentaban
los servicios secretos ruso y serbio. Y ese día a su paso por las
calles de Sarajevo Francisco Fernando y su mujer fueron asesinados en
su automóvil por el estudiante serbio Gavrilo Princip, miembro de la
sociedad secreta mano negra. La
noticia conmocionó a Europa. En Austria a alzarse voces acusando a
Serbia de haber mediado la mano de el asesino. El gobierno de Belgrado
lo negado pero sus anteriores conexiones con el terrorismo eslavo que
eran demasiado evidente y Viena se decidió a dar el paso que llevaba
meditando largo tiempo. Tres días después el gobierno austriaco
presentó al de Belgrado un ultimátum. En el se exigía que se dio
dejase de ampara a las actividades de los nacionalistas eslavos, que
cerrarse determinadas publicaciones que apoyaban esta postura y que
permitiera la participación de la policía y de la justicia
austriacas en la investigación y castigo de quienes desde territorio
serbio se sospechaba que habían promovido del atentado. El gobierno
serbio tenía un plazo de 48 horas para contestar afirmativamente de
no hacerlo las tropas austrohúngaras cruzarían el Danubio. El día 8
de julio de 1914 Austria-Hungría de claro la guerra a Serbia. Comenzaba así la Primera Guerra Mundial. |
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